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Fanny Munguia sencillez y picardia para la posteridad

Fanny Munguía, sencillez y picardía para la posteridad

Por Héctor Hernández

 

Una mañana de agosto de 1985, muy temprano en la universidad, mi gran amigo Pablo Herranz me preguntó si lo acompañaba a su entrenamiento. Estábamos en una clase de sociología, aburrida y lenta, que daba para poder platicar. “Hoy tenemos interescuadras” me dijo y yo sin dudarlo un segundo le respondí afirmativamente.  Mi cita de trabajo tendría que esperar, no iba a perderme una práctica de mis “Águilas” y menos un interescuadras en primera fila, justo previo a un Clásico de Clásicos. Salimos rápido de la Ibero y nos dirigimos a la Calle del Toro número 100. Al llegar, se dirigía al vestidor a cambiarse y en el camino nos topamos con un menudito y chaparrón personaje.

 

“Buenos días Pablo”, dijo él,

 

“Buenos días “Fanny”, él es Héctor”, contestó mi amigo…

 

“Mucho gusto Héctor, nos vienes a ver sudar” me dijo “Fanny”, a lo que conteste, “los vengo a ver triunfar”, y los dos futbolistas contestaron, “uf, no será fácil” y se metieron a cambiar.

 

Ambos serían parte del equipo de suplentes, uno donde había varios chavos –como ellos-, destacando Guillermo Naranjo y Víctor Orihuela, además de Miguel Ángel Quintana y Sergio Vázquez quienes también entraron unos minutos. La sorpresa que no imaginaron fue Daniel Brailovsky jugaría con ellos, debido a que no estaría contra el chiverío por estar suspendido. Y con el crack argentino al comando no fue “tan difícil” el encuentro para los reservistas que dieron mucha pelea. Del lado de los que se pusieron la casaca, recuerdo, como si hubiese sido ayer,  que estuvieron en la media el propio Pablo junto al “Ruso” y Jorge Martínez. La delantera estaba integrada con Ramón Ireta por la derecha, Gonzalo Farfán por el centro y nuestro “Fanny” por la izquierda. Fue un juegazo que ganaron los titulares con goles de Ricardo Peláez, Lalo Bacas de penalti  y Juan Antonio Luna. Brailovsky, que sin saberlo todavía,  jugaba uno de sus últimos interescuadras en México, anotó los dos tantos de los suplentes, uno de ellos en una triangulación justo con Pablo y el “Fanny”, como si se hubieran puesto de acuerdo para darme gusto, ya que los veía a medio metro, justo atrás de la portería, recargado en esa reja verde de alambre de metro y medio que limitaba la cancha,  por lo que se contemplaba todo de forma espectacular.

 

Terminó el partido y se metieron a cambiar, por lo que me tocó esperar a que Pablo saliera. Y me quedé sentando, ahí en una de esas míticas bancas con los nombres de Enrique Borja y Carlos Reinoso. Los futbolistas fueron saliendo uno a uno y mi amigo no lo hacía. En eso llegó “Fanny” y cual sería mi sorpresa que se acercó a platicar conmigo.

 

“¡Casi ganan!” le dije,

 

“Nos diste suerte, ven a vernos más seguido, a ver si así me mete –refiriéndose a su entrenador-” dijo Munguía, a lo que le respondí que encantado.  Ni él ni yo sabíamos que prácticamente en un mes la vida cambiaría para muchos y el destino le tendría deparada una sorpresa.

 

“Ya me voy, no tarda Pablo, lo anda regañando el “Zurdo”, dijo en son de broma y nos despedimos. En el camino de regreso, le comente a Pablo lo bien que me había caído el “Fanny”, sencillo y pícaro. Me quedé con una gratísima impresión a lo que Herranz me dijo que era cierto.

 

Efraín Guadalupe Munguía García nació el 12 de diciembre de 1962.  Empezó jugando a los catorce años en el Deportivo Los Galeana en un equipo del barrio llamado La Paz. Sus compañeros le decían “el Bustos”, por su enorme parecido en el terreno de juego con la leyenda cementera Fernando Bustos. Al poco tiempo en el Deportivo Coyuya alguien lo bautizó como “Fanny”, y ni el mismo supo a ciencia cierta quien fue. “Solo sé que de la noche a la mañana todos me decían así”, confesó en una entrevista.

 

Jugando en el Coyuya, fue llamado por Joaquín Paz Salinas, ex jugador del extinto Osos Grises de la Segunda División, para integrarse a un equipo que competiría en el IX Torneo de los Barrios, en el año de 1981. La Ola Naranja era el nombre de ese conjunto que llegó a la final que se disputó en la cancha del Estadio Olímpico en C.U., como preliminar de la finalísima de Liga 80-81 entre los Pumas de la Universidad y los Cementeros de la Cruz Azul.

 

El rival de los “naranjas” fue el América, que era dirigido por José “Cocodrilo” Valdés, y que al notar las características y habilidades del “Fanny” lo invitó a probarse en el América. Antes de aceptar, Efraín se fue a jugar a la Liga Española con el Mallorca, y después con el Galicia. Es ahí cuando decide ir al América a probarse, y al poco tiempo el entrenador Roberto “Monito” Rodríguez le hizo ver que no había posibilidad de una paga  -“ni para los transportes”-,  por lo que decidió regresar al equipo de la Liga Española, cuadro con el que compitió en el Mundialito de Emigración en España, donde quedaron en tercer lugar.

 

Su padrino, más bien su ángel en el Galicia, Miguel Álvarez Junco recibió muchas propuestas por Munguía, inclusive de equipos como Las Palmas y Betis, ambos equipos en Segunda División española en ese momento, así como del Toluca y el propio América.

 

De ésta manera es como “Fanny” llega ya contratado directo a las reservas profesionales del América en la temporada 82-83 –esto es sin haber sido parte de las Fuerzas Básicas-; para la siguiente temporada fue promovido al primer equipo donde únicamente entrenaba con ellos, pero participaba con el conjunto reservistas en el torneo Nacional de Reservas.

 

Fue Carlos Reinoso como su entrenador quien lo llamó y le dio la alternativa, y finalmente en la jornada 1 de la liga 84-85 se dio el momento que siempre espero: su debut en Primera División. Jugando contra el Atlético Potosino ingresó al terreno de juego por Alejandro Domínguez.  Fue ese el primero de sus 132 partidos oficiales con el Club América, donde permaneció 7 años y anotó 4 goles.

 

Cierto, no fueron muchos, porque lo suyo no era anotar goles, sino provocarlos. Fue un talismán para el equipo porque generalmente era utilizado en momentos de suma necesidad. Sin lugar a dudas, su momento de clímax fue aquella final contra el Tampico Madero durante el Prode 85. Como párrafos arriba lo hice notar, el destino le preparó una sorpresa en septiembre de 1985.

 

Sin ser titular habitual, tuvo que entrar al ruedo y agarrar al toro por los cuernos cuando en el juego vuelta de la final sus servicios fueron requeridos. Había participado en tres encuentros hasta el momento de relevo y uno de ellos fue justamente el duelo de ida donde en el Estadio Tamaulipas la “Jaiba Brava” vapuleó a las “Águilas” 4-1 y lo dejó contra la lona y en terapia intensiva para el juego definitivo en el Coloso de Santa Úrsula tres días después.

 

Tal vez su actuación y su buena actitud en Tampico o simplemente porque era el as bajo la manga de Miguel Ángel López, pero el “Zurdo” se inclinó por él para iniciar en el cotejo definitorio. El América, ya sin Brailovsky no había podido encontrar la figura que desequilibrara hasta ese momento.

 

“No sabía que iba a iniciar, en el camión rumbo al estadio el “Zurdo” se levantó de su asiento, se sentó junto a mí y me lo dijo”. El “Fanny” se sorprendió pero se alegró y prometió no defraudar. La situación estaba difícil, ya que las “Águilas” tenían que ir al menos por tres goles para empatar en el marcador global.

 

La historia todos la conocemos, el veloz, desequilibrante y caracolero extremo tuvo su mejor actuación como profesional, enloqueció a sus rivales y le cometieron dos penales, uno Sergio de los Cobos, el otro José Pilar Reyes y con ello se dio la remontada increíble para el Tricampeonato del América.

 

Y si en ésta final donde se hizo famoso fue la estrella, su actuación tres años después, en la misma instancia, nada más que ahora contra la Universidad Nacional no fue menos importante. Ahora inclusive con más dramatismo ya que ingresó en la segunda mitad cuando el equipo de Coapa necesitaba imperiosamente anotar dos tantos. Jorge Vieira lo metió por Carlos Hermosillo ya que necesitaba un extremo rápido que encarara, burlara y centrara. Pues bien, medio tiempo le bastó al oriundo del Distrito Federal para volver loco a Horacio Macedo y Miguel España, que se lo comieron a patadas y finalmente le cometieron otro penal. Vino el gol, el nuevo título para los azulcremas y la pregunta fue: ¿Ahora sí, le darán oportunidad al “Fanny” Munguía como titular?

 

Vio pasar a varios extranjeros,  Luis Alberto Acosta, Luis Alberto “Araña” Amuchástegui, Robinson Hernández, Carlos Seixas, Mauricio Pérez con los que abiertamente lo digo, no pasó nada,  pero la oportunidad para él no llegó. Fueron pocas las titularidades que tuvo en su carrera profesional. Y eso lo convirtió en más especial todavía.

 

“Mucho talento se pierde en el barrio” dijo en otra entrevista años adelante, ya cuando como formador y entrenador en su escuela de Texcoco platicó sus anécdotas.  Esa frase nos hace reflexionar en la falta de oportunidades que algunas (o varias) veces no tienen los futbolistas mexicanos.

 

Admirador del “Ruso” Brailovsky y Antonio Carlos Santos por sus formas de jugar, no dudó en bautizar a su hijo como Daniel Alberto. Alfredo Tena y Cristóbal Ortega fueron sus grandes ejemplos en la cancha y fuera de ella. Y sus compañeros, desde que llegó a la reserva profesional en la 82-83 hasta su último torneo en la 89-90 fueron sus aliados. Ganó cuatro torneos de liga: 84-85, Prode 85, 87-88 y 88-89. Dos veces el Campeón de Campeones: 87-88 y 88-89. Y un par de Copas de Campeones de la Concacaf: 1987 y 1990.

 

Tristemente hoy “Fanny” ya no está con nosotros aquí, abajo. Pero la estrella de Efraín ahí está y estará siempre. Y su legado también. Tuve el placer de convivir con él los últimos dos años a través de un chat de WhatsApp y su ingenio, su típica picardía y sobre todo su sencillez y educación fueron siempre su carta de presentación. 

 

“Entre bomberos no te puedes pisar la manguera” le dijo a Gerza Guerrero y Gaby Barrera, analistas de deportes, americanistas ellos, cuando estos agradecieron el tiempo que les dio. Con esa frase me quedó de él, porque demuestra su solidaridad y sencillez, de siempre.

 

En paz descansa “Fanny” ya brillas en el cielo.

 

Mi más sentido pésame a todos sus familiares. Dios los bendiga.

 

 

… y mientras tanto, que siga rodando el balón,  ¡hasta la próxima! 

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